La víctima
No me gusta hablar de ti, evito el tema si es que llego a hablar con algún personaje del pasado, no es que duela pensarte, no es que hayas sido importante, me da rabia pensar en lo bajo que caí al estar contigo, no me gusta decir que fuiste algo mío; odio que me recuerden esa etapa de mi vida, que bochornoso es pensarte. No merecía tan poco y tú no merecías tanto.
Fui tan débil que antes de lastimarte, prefería ver mi piel sangrando. Fui tan débil que tuve que fingir demencia para no decir en voz alta que tu moral estaba en el suelo y aún así seguí contigo. Fui tan débil que tus chantajes emocionales baratos funcionaron para retenerme. Fui tan débil que ignoré tu personalidad tan grotesca.
Me arrepiento sí, me importa no, aún así fuiste el capitulo que no podía saltarme para ser está persona que hoy soy, después de ti todo resultó espléndidamente. La vida fue muy generosa conmigo, seguramente fue el pago por aguantarte durante esos meses.
Te perdoné por aquella última vez que te vi llorarme e implorarme que no te dejara, te perdoné por esa última vez donde me vi encerrado en tu casa, donde vi nuestra vida en un par de segundos y no podía creer que estuvieras amenazándome, tuve que recoger los pedacitos de dignidad y del poco amor propio que me quedaba, para salir por esa ventana y correr literalmente por mi vida, vi tu verdadera cara, una persona tan ruin... Sigo sin entender como es que la un día te dije que moría por ti.
A pesar de la persona tan cruel que fuiste, ya te perdoné y créeme que no fue por ti, te perdoné por mí. Sé que te dolió perderme y que la pasaste mal, confieso que me supo a gloria dejarte atrás, dejarte para mí fue lo mejor que me pudo pasar.
Deseo que tengas una buena vida, que hayas aprendido a controlarte y a amar, deseo que nunca nadie conozca tu verdadera cara, esa que tú y yo sabemos que no puedes cambiar.