333
Mi etapa más autodestructiva, menos asana y más depresiva... Fui cruel conmigo misma, nadie lo notó porque fingir felicidad y sonreír siempre me resultó más sencillo que explicar porqué vivía atormentada, me volví adicta a no sentir, me solía intoxicar todas las noches, hasta que realmente dejé de sentir absolutamente todo.
En este viaje loco de autoconocimiento también recorrí los laberintos de mi subconsciente, me vi regresando a la luz, me vi a colores y algunas mariposas comenzaron a nacer. Fue cuando ese maravilloso humano me tomó de la mano y ya no me soltó... Ojos miel, labios rosas, ojos miel, labios rosas.
Mi viaje dejó atrás las turbulencias y se respiró paz, paz que sentí por primera vez como felicidad absoluta. La luz comenzó a iluminarme, me arropó y me dio seguridad.
Comenzaron a brotar flores, manantiales y una cascara celestial, la oscuridad se fue, el veneno se agotó.
Hay mariposas por doquier, hay un olor agradable y un filtro sutil color rosa, también hay melodías suaves y silencio sanador.
Se respira honestidad, creatividad, empatía y serenidad. Ya no me cuesta trabajo establecer límites y decir “no”.
Honró a cada plantita de mi hermoso jardín, cultivo y cuido con amor. Soy dichosa de tenerlos aquí, mis invitados de honor.
El viaje concluyó y me hizo valorarme, aplaudirme y celebrarme con gratitud.
Soy un año más sabia.
Soy un año más abundante y querida.
Soy un año nuevo.
Soy un año renacido.
Soy amor.
Soy paz.
Soy Karma.
Soy felicidad.
Bendecido 333.
