⚠️ La curiosidad hizo llorar al gato y después lo mató.

A veces es mi piel, a veces no… Saca tus propias conclusiones.

Falta de responsabilidad afectiva.

Hace años estuve en una relación amorosa con bastantes buenos momentos y también otros muy desafortunados, que me dejaron cicatrices que fueron sanadas muchos años más tarde. 

Esa relación duró 5 años, ahora que recapítulo; es una vida ¿Verdad? 


Los primeros años fueron lindos, a pesar de ser completamente diferentes podíamos empatar, hasta que ya no. Empezaron los problemas, la falta de comunicación, la desconfianza, los celos, las peleas dramáticas, la distancia…


Ambos tuvimos errores, fuimos dos adolescentes descubriendo el mundo, buscando convertirnos en adultos. 


Luego, dejamos de entendernos, preferimos callar, preferimos contarnos solo la parte que nos convenía, evitando pláticas incómodas, evitando madurar.


Le lloré tantas veces, le imploraba atención y le pedía una porción extra de sus migajas de amor, le escribía cartas que nunca entendió, le mandaba canciones que tampoco escuchó, hasta que ya no, hasta que me conformé con sus migajas y decidí comerme el mundo para saciar mi hambre de amor. 


Conocimos a más gente, salimos con otros en secreto, nos jurábamos amor eterno, pero nos compartíamos con terceros. Supongo que así creíamos que se sentía el amor eterno. 


Me sentía segura de tener los sentimientos claros ”Labios para muchxs, ojos para uno”, me estaba funcionando, pero francamente hubiese sido más divertido si hubiera tenido la suficiente responsabilidad afectiva para decirle que ya no quería estar con él, aunque lo pensé más veces de las que me hubiera gustado, nunca me atreví, no quería romperle el corazón y tampoco quería salir de mi zona de confort. 


Los últimos dos años se sintieron forzados, no estaba cómoda ya, pero no tuve el valor decírselo, pensaba en su felicidad y poco me importó mi infelicidad a su lado. 


Después llegó alguien que me movió el mundo, alguien que con solo tronar los dedos me ponía a temblar, alguien que hacía lo imposible por mí, alguien que me daba tanto amor que no me cabían en las manos, alguien que no tuvo miedo de sostenerme fuerte y pedirme una oportunidad. 


Frené de golpe la realidad, no quise herir su ego, ese que escondía su gran inseguridad, le mentí, le mentí como último acto de amor, ahora entiendo que un poco fue eso, pero fue más grande mi miedo de afrontar la realidad diciéndole la verdad mirándolo a los ojos, no pude y elegí pedirle tiempo, siendo sincera, ya ni siquiera tuve ganas de despedirme, mi duelo lo viví a su lado. Ya no queda nada de lo que un día le escribí. 


Debí ser valiente a los tres años juntos, debí escucharme, debí hacerle caso a mi Pepito Grillo, ya no era feliz con él. Sé que él tampoco lo fue, pero que la rutina pudo más. Debimos tener la suficiente responsabilidad afectiva para soltarnos a tiempo… 


“Mi ciclo contigo ha terminado, ya no tengo nada más que ofrecerte, excepto más reclamos y reproches producto del agotamiento emocional en el que me encuentro. 

No quiero seguir en una relación que me roba la paz y me causa más angustia que felicidad, me di cuenta de que tenía una idea de nuestra relación que no se ajustaba a la realidad, te idealicé, te soñé, te otorgué atributos que finalmente no tenías. 

Le di muchas oportunidades a esta relación porque me aferré a mis buenos recuerdos y a mi idea de un futuro contigo. 

Te dejo ir y cierro este capítulo. 

Comprendo que el amor no se pide y tampoco se debe forzar, dejo esta relación, para enfocarme en la relación más importante del mundo: La relación conmigo misma.”