⚠️ La curiosidad hizo llorar al gato y después lo mató.

A veces es mi piel, a veces no… Saca tus propias conclusiones.

Memorias sobre un zombie: R


“Hay fantasías que ni siquiera sabes que tienes, 

hasta que entras en sintonía con la mente correcta”

—Charles Bukowski. 


—¿Quieres salir conmigo más tarde? 

Así empezó la loca historia que nadie sabe sobre nosotros. 


Coincidimos en un viaje a la playa, había un evento deportivo muy grande, fue una sorpresa cuando nos encontramos en aquellos vestidores, sé que tuvimos la misma caótica idea porqué los ojos no pueden mentir. Este juego de seducción desde que nos conocimos se nos dio tan bien. 


De regreso a los hoteles, nos sentamos juntos, no recuerdo de qué hablamos, estaba perdida en tus ojos negros, pocas personas me han provocado esta sensación de locura y hormigueo. 


Me invitaste a salir esa misma la tarde y claro que acepté, nunca me habría atrevido a invitarte yo, aunque moría de ganas por hacerlo. Tu aura tan misteriosa y mística tenía este poder sobre mí y mi voluntad. Me volvías loca. 


Sabía poseías un espíritu libre, arriesgado y sumamente atractivo, tu presencia me provocaba nerviosismo y ganas de más, pero claro que no podría ser la única, tenías ese poder, con todas... Y no me importó, eso que sentía solo hablaba de lo físico, me quemabas, no le hice caso a las advertencias, quería arder contigo. 


Salimos esa primera vez, caminamos por la avenida principal, me compraste un helado y fuimos a la playa, la luz de la luna te iluminó la sonrisa confitada, tenía tantas ganas de ti, que casi pasa desapercibida la conversación tan profunda que tuvimos. Otra advertencia que no seguí, sería fácil enamorarme de ti. 


Papá era exigente y te pidió llevarme de vuelta temprano, fue muy decepcionante verte cumplir el horario, pero lo fue aún más porque no me besaste al despedirnos. Ese día di por cerrado tu capítulo en mi vida, por precaución, por ego.


Como un mal chiste, esa misma noche me pediste una segunda cita y más tarde una tercera…

Me gustaba estar contigo, algo de ti me atraía tanto que lo demás me importó poco, sabía que me podías romper el corazón y aún así no podía alejarme de ti. 


Llegó esa noche, donde fuimos a la última función del cine, me llamaste sirena y me besaste con tantas fuerzas, dijiste que querías arder conmigo, me tomaste de la mano.   


Juntos éramos la combinación perfecta entre el deseo y las ganas de sentirnos libres. Tu piel me volvió adicta. La libertad nos dejó el sabor dulce del néctar del deseo. No quisimos frenar, el sabor nos hizo perder la cabeza. 


Dejamos a un lado los sentimientos, dejamos claro que para funcionar tendríamos que ceder y cedimos ante el infierno que estábamos provocando. Una y otra vez repetimos. 


Solíamos encontrarnos por casualidad en los mismos lugares de fiesta y extasis, y aunque cada quien estaba con sus amigos, en aquellas noches que el calor nos recorría la piel a la distancia; como dos imanes nos sentíamos atraídos por una fuerza animal, terminábamos juntos, bailando, susurrándonos y pidiéndonos más. 


Los besos húmedos no pudieron extinguir el incendio que dejábamos a nuestro paso contra la pared, en la camioneta, el sofá, la cama o en algún baño. 


Salíamos con más personas, no teníamos reglas, no teníamos límites, éramos libres, dejamos claro que terminaríamos juntos una y otra vez, hasta que esas ganas se agotaran. Hasta que alguno de los dos se cansara del otro y pidiera parar, pero no pasó. Salíamos con la intención de volvernos a encontrar. 


Pero el destino nos cambió los planes, así como R y Julie se enamoraron, fue inevitable y también caímos en la misma trampa. Descubrimos que el corazón nos comenzaba a latir y los celos nos fueron traicionando. Nunca imaginamos que entre tantas fantásticas formas de terminar, terminaríamos enamorándonos. 


Teníamos tanta química a la hora de quintarnos la ropa… Eso se nos dio tan bien, que no quisimos arriesgarnos a perdernos estando en el climax. Muy tarde nos dimos cuenta que nuestra piel ya no solo hablaba de algo físico, comenzamos a extrañarnos, a querer algo más, algo que no buscábamos, pero que ya necesitábamos. 


Nos arriesgamos, entramos en un camino incierto, pero las inseguridades se hicieron presentes, la libertad que una vez nos unió, ahora nos estaba alejando. Era inminente el desenlace, ambos lo supimos desde el principio. 


Decidimos terminar de tajo, necesitábamos un gran final, necesitábamos agotar las ganas inagotables de nosotros, nos escapamos un fin de semana, un final memorable, recorrimos cada centímetro de nuestra piel, no podíamos parar, no queríamos, pero teníamos que hacerlo... Lloramos mucho esa noche, nos besamos con dulzura, sin duda eso fue lo más doloroso, soltamos las manos sedientas de placer para poder abrazarnos con ternura y nostalgia.  Esa noche fue la última vez que nos vimos. Decirnos adiós dolió tanto.


Ahora no sé que sea de tu vida, escuché por ahí que ya no vives en este Continente, que las cenizas que quedaron de nuestro amor apasionante se esparcieron para no resucitar, para no perder esa magia incandescente de las memorias compartidas.


Si algún día nos cruzamos por ahí de nuevo, te diré que eres quien me ha hecho vibrar en un nivel sublime❤️‍🔥. Seguirás siendo la historia que nunca cuento, porque ésta historia es solo de nosotros dos.