A ella.
Fuiste una historia mal contada, el mito de una selva sedienta de amor propio, porque todos somos dualidad, al menos eso quise creer.
Me planteé la idea de ser la salvadora de esa mala hierba podrida, porque todos podemos volver a florecer sanos.
Quise ser la que hallará el tesoro al final del arco iris, la que levantaría su mano como señal de victoria y hondearíamos juntas la bandera blanca de la paz.
Paz que realmente solo habita lejos de ella, porque ella es como un mal tiempo, es impredecible e incontrolable.
Me gustaba la idea de encontrarla caminando hacía la luz, a pesar de verla caminar por la oscuridad disfrazada de bondad.
Me aferré a ella, a su versión buena en una mala película de los 50’s. Me esforcé por entender su naturaleza infame, pero me comencé a enfermar también.
Fracase en el intento y me rendí, tuve que elegirme, tuve que amputar la parte infectada que dejó en mí y dejé inconclusa la historia heroica.
No hubieron acciones que callaran las opiniones, no logré encontrar la luz en sus tinieblas.
Tuve que aceptar que me equivoqué, tuve encender las velas y pedirle al fuego que se la llevara lejos de mi.
El contacto cero me ha servido, dejar de darle estímulos también ha funcionado, la calidad del aire ha mejorado considerablemente.
Su mal clima, sus tormentas eléctricas y su poca humedad atraen el caos. Caos que no tiene cabida en mi vida actual.
Ya no siento atracción por su persona, ya no es un misterio su personalidad, descifre el enigma y me decepcionó el resultado.
No puedo salvar a quien le gusta ser mar para ahogar a otros.
No puedo salvar a quien dice ser sirena y no es magia.
No puedo salvar a quien no quiere ser salvada por ella misma.
Un día me planteé la idea de ser la salvadora de esa mala hierba podrida, porque todos podemos volver a florecer sanos… O tal vez no.
