El final.
Encontré una tarjeta en tu cartera, juro que fue una casualidad, tenerte desconfianza fue lo último en mi lista de pendientes, parece que un poder sobrenatural tuvo ganas de desatar el caos sobre nuestro hogar, tal vez también se cansó de tus mentiras, tal vez quiso dejar de ser tu cómplice, tal vez fuiste tú quien decidió de la manera mas cobarde terminar con esto...
”En un mundo de historias y casualidades,
es un placer coincidir”
—A.
La sensación que tuve en ese momento fue extraña y paralizante, sentí todo, pero no puedo describirlo, la cabeza no me da para hacerlo en este momento.
Solo tengo claro que sentí como si alguien me arrancara el corazón, como si los intestinos me fueran arrebatos, como si alguien me hubiera noqueado.
No dije nada, no supe que decirte, no supe como reaccionar y preferí callar, guardé silencio como manera de protección, ahora no puedo entender si fue una protección para ti o para mi, solo tengo claro que me está doliendo.
Llevábamos meses en este vaivén de emociones, a pesar de pasar las tardes juntos, de preparar la cena y abrazarnos esporádicamente, nos sentíamos lejanos, ajenos a la imagen del matrimonio feliz que todos tenían de nosotros, no pude darme cuanta antes de que ya ni siquiera nos besábamos.
Nuestra relación es tan larga que no puedo recordarme antes de ti, tuvimos una relación tan estable, tan feliz, tan llena de todo y ahora nos queda nada, ni el amor que una vez nos unió puede mantenernos juntos, no después de tu traición.
Tuve que enfrentarlo, tuve que preguntarte por mera formalidad, porque aunque nunca tuve motivos para desconfiar de ti, me traicionaste, rompiste con esta lealtad absoluta, con nuestros planes para la vejez, con mi corazón. De todas las formas que hay para terminar con una relación, elegiste la peor, la que más daño me causaría, porque sabías que las infidelidades me causaron un trauma en la infancia, fue nuestra regla de oro y aún así no te importó.
Entiendo que alguien más pudo hacerte tambalear, entiendo que somos humanos, que enamorarse no es ningún pecado, que nosotros no estábamos en nuestro mejor momento, pero no puedo justificarte, eres una persona de libre albedrio y elegiste el camino; elegiste engañarme, la elegiste a ella, la elegiste por encima de nuestras reglas de oro, de nuestro compromiso con la familia que decidimos ser.
- ¿Quién es A?
- Amm, una compañera de la oficina.
- ¿Por qué te da regalos con mensajes tan extraños?
- ¿La leíste? No significa nada.
- ¿Por qué no me contaste sobre ella, sobre sus regalitos de compañeros de oficina?
- Fue algo sin importancia
- ¿Tanta insignificancia que no me puedes mirar a los ojos?
- Perdóname, no sé que pasó, me siento muy culpable, no debí, fue un error de una noche, te juro que no significó nada.
Mi estabilidad se derribo, salí corriendo de casa, no podía permanecer ni un minuto más ahí, no quería verlo, no quería escucharlo, solo quería desaparecer y dejar de sentir este dolor tan grande, esta tristeza tan amarga, quería dejar de sentir...
Más tarde regresé, ya estaba más tranquila, había llorado como nunca antes, me taladré el cerebro armando el rompecabezas de la historia que según él no tuvo importancia y lo entendí, mi cabeza proyecto la película de su romance.
Entendí las llegadas tarde, las peleas constantes, la falta de mensajes, la falta de comunicación, entendí porque ya no nos besábamos con pasión, nos convertimos en dos desconocidos. Permití que el amor te llegara por la ventana, porque te cerré la puerta, me aislé, no me encontraba bien anímicamente, pero en lugar de buscar una solución, decidiste salir a buscar consuelo en otra persona.
Me convertí en alguien que nunca pensé llegar a ser, mi mente ya no tenía claridad y te seguí, los vi comiendo juntos, riendo como antes solíamos hacerlo, vi como te miraba, ella estaba enamorada de ti y tú le correspondías cada sutil y certero roce.
Pasaron los días y nosotros seguimos siendo grises, no hablamos, no dormíamos juntos, solo existíamos en esa casa. Hasta que una tarde me pediste que acompañara, yo no quería, pero me suplicaste tanto que confieso que sentí algo de lastima por ti, tampoco podía juzgarte tan severamente porque a pesar de todo, te seguía amando y creo que ahora con más intensidad.
Me llevaste a una terapia en pareja, por una parte me alivió darme cuenta de que querías intentar algo en lo que nunca creíste, al menos tenías la intención, pero también me hizo darme cuenta de que no podría hacerlo, no te podía perdonar, no aún, eventualmente lo haría, pero no sabía si podría dar vuelta a la página y continuar.
Me dolió tanto saber que tardaste semana y media en decidirlo, que después de destapar la caja de pandora, fuiste a comer con ella sin importar que yo me quedará en la cama, con kleenex por todos lados, con la misma pijama en los últimos tres días.
Durante la terapia me explicaste que cuando los vi comer, fue la última vez, fue su despedida, su final:
- Podrás decir lo que quieras, para mi simplemente ya no tiene validez, te vi sonriéndole y siendo feliz, conmigo ya no lo eres y está bien, cada uno debe buscar su propia felicidad...
Terminando supe que no sería capaz, que la energía que me quedaba, la usaría para sobrevivir a la cruel realidad y tome la decisión definitiva.
- It´s over.
Pasaron los días, me armé de valor y te pedí que te fueras de la casa, sabía que me conocías muy bien y que entendías que no había vuelta atrás, me volviste a pedir perdón, agarraste tus maletas y saliste por esa puerta. Algo de mi se fue contigo ese día.
El tiempo me ha ayudado a sanar, puedo decir que te perdoné como pareja, pero no lo hice como amigos, porque antes de ser todo, fuimos amigos y nos prometimos lealtad y compromiso, dejamos claro que siendo humanos, éramos libres, siempre y cuando habláramos con la verdad; me traicionaste como pareja y como amigo. Si tan solo tú me hubieras dicho que había alguien más que te hacía sentir mariposas, yo lo hubiera entendido y yo misma te hubiera soltado, quería tu felicidad, pero no así, no pasando por encima de mí a base de engaño y traición.
Te dejé ir, por mi propia paz mental, porque ya no confiaba en ti, porque nunca se iba a recuperar, porque ya no quería intentarlo más. Por amor también te dejé ir, quería que encontraras el amor verdadero, ya que conmigo no se pudo... Aún así, aún con el desastre que dejaron, te deseo lo mejor, con ella, sin mi, con otra, con quien sea, pero lejos de mi.
Dejarte ir me ha costado tanto, que casi me quedo sin fuerzas para continuar, pero voy a soltarte, voy a arrancarte, aún no estoy lista, pero también voy a probar otros labios, quiero hacerlo, quiero equivocarme, quiero ser libre, quiero estar libre de ti... Quiero volver a ser feliz sin ti, quiero encontrarme nuevamente y voltear al pasado para darte las gracias por dejarme ir.
Es el momento, estaremos bien...
